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24.06.2019
No tengo nada que decir. Carmen Laforet, in memorian

Esta extraordinaria mujer y escritora pasó la mayor parte de su vida luchando contra la ceguera literaria de los censores franquistas y el frustrado esfuerzo por superar "Nada", su primera y más importante novela. Pasó los últimos años de su vida, consumida por la pobreza, la soledad, la depresión y, finalmente, la enfermedad más infame para una mente prodigiosa: Alzheimer.

Pero el suyo no fue un caso excepcional, sino todo lo contrario, prácticamente no he leído ninguna biografía de autores con talento que contasen con el reconocimiento y apoyo de sus contemporáneos, no solo en su juventud, cuando suelen escribir sus obras más atrevidas y creativas, y no lo necesitan, sino en la vejez y en muchos la enfermedad y la depresión y la pobreza.

Laforet traía su novela "Nada" en su equipaje, porque la tenía interiorizada desde mucho antes de que se embarcarse con rumbo a la que para ella era una ciudad mítica, su soñada Barcelona natal, en la que todo debería era posible. 

Apenas desembarcó y sintió bajo sus pies el húmedo suelo barcelonés debió tener la estimulante sensación de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. 

Hacía algunos meses que la guerra había terminado, pero no la violencia de la represión y las venganzas contra los perdedores, y la mayoría de los barceloneses eran del bando perdedor, en especial los obreros industriales que habitaban en los suburbios, dramáticamente empobrecidos por causa de la guerra. Aprovechando la gran tolerancia de la ciudad, muchas de las mujeres de estos abandonados barrios no tenían otro medio de subsistencia y la de su numerosa prole, que como tonadilleras en el Paralelo, si eran agraciadas, o como prostitutas, en el infame “Barrio chino” si no lo eran, aunque no siempre estuviera clara la diferencia.

Laforet llaga a una Barcelona imaginativa para proveerse de la subsistencia, y una pequeña burguesía intimidada y desconcertada, sin saber lo que será de su ciudad bajo el dictatorial y anti-catalanista régimen de los vencedores. Tienen que hacer un doloroso esfuerzo por renunciar a su pasado y afrontar un futuro lleno de incertidumbres y temor ante la irracionalidad del nuevo régimen.

Laforet encuentra en esta ruptura e incertidumbre de sus parientes una buena cuestión de fondo para dar rienda suelta a los caballos de su poderosa imaginación, y un profundo entendimiento de las bajezas humanas, en contraste del optimismo y esperanza propias de la juventud, que ella vivirá, al menos durante dos años, con sus compañeros y amigos que encuentra en la universidad barcelonesa. Y de esa amalgama surge algo que ella titula “Nada”, porque en el fondo sus vidas están vacías y ya ninguno tendrá la mínima oportunidad de realizar sus viejos sueños de juventud. La escritora no podrá nunca superar su primera novela, porque ya no se repetirán aquellas especiales circunstancias.

 

La segunda parte de su drama personal

 

En un tiempo en el que no abundaban los escritores, especialmente las escritoras, mantenerse con cierta popularidad durante diez años era una proeza y ella lo consiguió. Pero Carmen Laforet no era George Sand, o una mujer de rompe y rasga, sino todo lo contrario, era retraída, tímida y sobre todo, no soportaba el lado oscuro de la fama: las envidias, los celos profesionales, las disputas sobre derechos con los editores, los periodistas irresponsables, y un largo etcétera. No estaba mentalizada para un éxito prematuro, ni lo deseaba. 

Por si estas adversas circunstancias no fueran suficientes, la universidad también le desencanta. Laforet no ha nacido para aprender nada de los demás, sino de ella misma. No quiere ser filósofa o abogada, quiere ser escritora, descubrir la Carmen Laforet que escribió “Nada”, porque si llega a descubrirla con todos sus matices es seguro que escribirá otras muchas novelas tanto o más inspiradas que la ganadora del primer Premio Nadal de su controvertida historia. 

Pero su matrimonio y gran fertilidad le hará quedar atrapada en ese dorado infierno que es la familia de un escritor. Durante esa traumática época escribe mucho, pero sin profundidad, solo la suficiente para mantener el débil fuego de la escritora enredada en las banalidades y miserias intelectuales propias del ambiente familiar. Para escribir una buena novela se necesita sobre todo libertad, y no puede haber nadie más esclavizada que una madre dedicada al bienestar de su familia. 

Así, cuando ella cree que sus hijos ya no necesitan una madre protectora, siente que ha llegado el momento de volver a desplegar sus entumecidas alas de artista irredenta y volar por otros cielos con vistas a otros parajes, y después de sobrevolar las calles de los miserables de Víctor Hugo, cruza el charco para recorrer los campus, donde su libro era el manual sobre la literatura y la sombría idiosincrasia del pueblo español. A su regreso descubre asombrada el engaño en el que había vivido: ¡que España era un país civilizado! 

Creo que desde entonces Laforet se convierte en una extranjera, y una vez que el árbol pierde sus raíces se seca, y la mujer que había legado a un país a medio camino entre la barbarie y la santidad, porque ni la inteligencia ni el talento estaban entre sus prioridades nacionales, de una novela que unas décadas más tarde se encargarían de confirmar las razones de su “grafofobia”, que padecería hasta su muerte. Desde entonces siempre contestaba a la carroñeros medios de comunucación que requerían su entrevista: “No tengo nada que decir”, dando así pleno sentido al título de su insuperable obra cumbre. 

Si eres un escritor o escritora con sensibilidad y talento, te considerarán en tu propio considerarán como un extranjero en tu propio país, porque para sentirte español no son necesarias ni la sensibilidad ni el talento, es suficiente con un mínimo de sentido común, ser envidioso, mal educado y orgulloso, todo lo demás es cosa de extranjeros. 

Carmen Laforet abrazó la religión católia despuées de años de agnosticismo, solo cabe despedirla con el deseo de que su Dios la tenga en su seno. ¡Amen!

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FRASES
"Es inútil que me esfuerce, nunca llegaré a escribir tan mal que merezca el éxito "
""Ser o no ser" no es la cuestión, sino "qué ser o qué no ser!""
"Si tienes talento, procura disimularlo. Pero si no lo tienes, no podrás disimularlo "
"Los diálogos de una novela son como las flores de un jardín, tienen que tener color"
"Cada lector tiene el autor que se merece"
"No escribo sobre lo que he visto, sino sobre lo que he vivido"